sábado, 24 de noviembre de 2007

Pedro Jota y el periodismo de investigación (I)

Juan Carlos Escudier, que ha trabajado durante muchos años muy cerca de Pedro J. Ramírez (fue el primer jefe de investigación de El Mundo), revelaba algunos curiosos episodios relacionados con la ética profesional de Pedro Jota:


El talonario de Pedro J.

La hilarante serie de El Mundo sobre el 11-M y las estrambóticas revelaciones con la que los Trashorras, Nayos, Toros y Lavanderas de turno –saga ésta última de escritores de prestigio- deleitan asiduamente a la concurrencia, han dado paso estos días a una apasionante guerra de medios que nos tiene sobrecogidos. El motivo no es otro que la reproducción en el diario El País de una conversación grabada en la cárcel al tal Trashorras, en la que éste sugería abiertamente que con el dinero de Pedro J. estaba dispuesto a cantar la marimorena en vasco y dando goras a ETA, que es lo más cotizado. Con escaso margen de error, nos hallamos de nuevo ante esa singular forma de hacer periodismo que tiene el de Logroño, que algunos llaman de investigación cuando en realidad quieren decir de talonario.

De las andanzas del personaje –Ramírez, no Trashorras- tiene el que suscribe algo más que vagas ideas, después de quince años de trabajar en sus inmediaciones. Si algo sorprende es su desfachatez para asumir el papel de virgen ultrajada y acusar a los demás de falta de ética. “No es fácil encontrar en los anales del periodismo español una manipulación tan zafia, grosera y deontológicamente repugnante como la tergiversación de ayer de El País...” dice en su editorial quien puede exhibir tanta deontología junta como la mosca del vinagre.

Asegura El Mundo que no ha pagado un solo céntimo a Trashorras para apuntar después que “ahora mismo pagaríamos cualquier suma a nuestro alcance si ello contribuyera decisivamente a averiguar de forma lícita la verdad...”. De lo primero caben dudas; de lo segundo, ya fuera lícita o ilícita la forma, ninguna. Me permitiré poner algunos ejemplos, empezando por los pagos a Amedo -que el ex policía ha cifrado en 30 millones de pesetas- para obtener un testimonio ante el juez Garzón que condujera al encarcelamiento de la cúpula de Interior y, obviamente, una entrevista ‘en exclusiva’ con el periódico.

Ha sido Amedo el que ha relatado reuniones con Álvarez Cascos y Ramírez en el despacho de éste último en las que se le prometió indulto si el PP ganaba las elecciones. De las visitas de ambos –al menos, por separado- podría dar fe la mitad de la redacción de El Mundo. Cascos, que confiaba ciegamente en ese ser deontológicamente puro que es Pedro José, llegó un día para confiarle que estaba enamorado y pedirle que fuera discreto. Un minuto después de irse, Ramírez se acercaba entre risas a la sección de Nacional: “Ha venido Cascos para decirme que deja a su mujer. Este tío es tonto”.

El ‘caso GAL’ encierra varias lecciones de ética de Ramírez. Una de ellas tiene que ver con la sentencia del Tribunal Supremo, adelantada en su día por El País. El apóstol de la libertad de expresión y de la ética no se arredró ante la exclusiva y la fusiló convenientemente en la edición de Madrid como si ambos periódicos hubieran tenido acceso a la sentencia. “A mi no me priva nadie de apuntarme este tanto” bramó con nocturnidad. La apropiación indebida de la noticia fue objeto de debate en el consejo de redacción del periódico –cuando existía- con el resultado esperado: ninguno. Otro día les cuento algunas cosas divertidas de la denominada acta fundacional de los GAL que interesarán a los estudiosos.

En el asunto de las informaciones compradas, El Mundo siempre ha estado en vanguardia. Se abonaron algo más de dos millones al narcotraficante arrepentido Ricardo Portabales por una entrevista en primicia, un hecho del que tengo alguna referencia porque el firmante de la entrevista era este juntaletras, con Ramírez como improvisado fotógrafo. Se doró el riñón del contable chileno Carlos Alberto van Schouwen para que El Mundo destapara el ‘caso Filesa’. A la fuente del ‘caso Ibercorp’ se le buscó el trabajo que reclamaba. Ni que decir tiene que todos estos grandes trabajos periodísticos pudieron ser publicados después de “meses de investigaciones”.

La cima de la ética pudo alcanzarse quizás con un caso menos renombrado, el denominado ‘caso Ferraz’, que tenía que ver con una presunta financiación ilegal del PSOE en la que se implicaba al secretario personal de Alfonso Guerra, Fali Delgado. En aquella ocasión se adquirió el dossier y se guardó en un cajón para ser publicado en plena campaña electoral de las generales de 1993. ¿Para influir en el resultado electoral? Seguro que no.

Tiempo habrá para recordar otros episodios porque Ramírez es un campeón de la deontología y del periodismo de investigación y se merece nuevos capítulos. Por el momento, resulta desconcertante que alguien semejante pueda gozar de tanto predicamento entre la clase política, de no ser por el pavor que nuestros prohombres manifiestan a sus azotes tipográficos. ¿Se imaginan al director de The Independent telefoneando al líder de los conservadores en el receso de una sesión de los Comunes para sugerirle cuál debía ser su réplica al primer ministro? Quizás Aznar y Anguita los señores de la pinza en la etapa felipista, pudieran contestar a la pregunta de quién les adoctrinaba en sus prédicas parlamentarias.

Uno comprende que el PP participe de sus desvaríos, si entiende, tal y como parece, que puede hacerle ganar las elecciones porque ya lo hizo en el 96. Pero lo del PSOE resulta inaudito. Aún se recuerda su primera entrevista con Zapatero en Moncloa y sus fotografías con el presidente del Gobierno, idénticas a las que se había hecho tiempo atrás con su gran amigo Aznar. El mensaje, dirigido muy posiblemente a sus accionistas italianos, no dejaba lugar a dudas: si estáis pensando en cambiar de director, podéis olvidarlo porque mando tanto como antes.

Volviendo a la Trashorras connection, me permito afirmar que el interés del periodista más grande que vieron los tiempos por conocer la verdad del 11-M tiende a cero. Lo que persigue Ramírez es vender periódicos, que eso sí que lo borda. Algunos compañeros de El Mundo recuerdan su abatimiento el 14-M a medida que se iban conociendo los datos que avanzaban la victoria del PSOE. Finalmente salió del marasmo: “Bueno, estar en la oposición se nos da muy bien”. A eso juega.

El talonario de Pedro J., por Juan Carlos Escudier
Sábado, 16 de septiembre de 2006
http://www.elconfidencial.com/opinion/indice.asp?id=1808